El texto de los proteccionistas insta a la necesidad de realizar una evaluación técnica para evitar “interpretaciones erróneas”, tras el reciente informe de la Municipalidad donde califican el Programa de equilibrio poblacional como un “un avance significativo”.
COMUNICADO DE PROTECCIONISTAS UNIDOS
A la comunidad de Gualeguaychú:
Ante la reciente comunicación oficial del Municipio, que presenta como un avance significativo la realización de 1.116 castraciones en lo que va del año, consideramos necesario aportar una evaluación técnica y contextualizada que evite interpretaciones erróneas en un tema central de salud pública.
Transcurridos 123 días del año 2026, corresponde analizar la implementación del Programa de Equilibrio Poblacional (PEP), establecido por la Ordenanza N.º 12.803/23.
Si bien en los inicios del programa se presentaron oportunidades valiosas —con jornadas en las que había más de 50 animales anotados para castrar en un mismo día—, estas no fueron aprovechadas. En ese momento, se consideró que no se estaba en condiciones de alcanzar ese volumen de intervenciones. Sin embargo, en políticas de control poblacional, las oportunidades perdidas no se recuperan: cada instancia desaprovechada implica más nacimientos y un problema que se amplifica con el tiempo.
En este contexto, el número informado representa un promedio de solo 9 castraciones diarias, cuando deberían realizarse alrededor de 42 por día. Esto implica que la ejecución se encuentra por debajo de una cuarta parte del ritmo necesario.
Desde Proteccionistas Unidos vamos a estar siempre del lado de los animales. Consideramos correcto que, si se realizaron 1.116 castraciones, esa sea la cifra que se comunique. Sin embargo, informar un número no implica que la situación esté bien ni que el problema esté siendo abordado con la escala y la eficacia que requiere.
Resulta fundamental comprender que el control poblacional no puede abordarse de manera parcial: el ciclo reproductivo de los animales siempre supera, en términos de tiempo y volumen, a cualquier intervención que no se realice con la escala y continuidad adecuadas. Sin una política sostenida, masiva y orientada a prevenir, los esfuerzos aislados resultan insuficientes.
El trabajo social en los barrios es tan importante como la presencia de la camilla y los veterinarios realizando castraciones. Sin ese abordaje previo, sostenido y cercano con la comunidad, vamos a seguir castrando indefinidamente sin lograr resultados reales. Los buenos tratos hacia quienes concurren, junto con el diálogo respetuoso y cargado de educación, son herramientas fundamentales para generar confianza, compromiso y una participación activa que permita que estas políticas funcionen de manera efectiva.
Por otra parte, las atenciones veterinarias destinadas a animales con otras patologías, por fuera de las castraciones, distan de constituir una acción plural, sostenida y orientada al beneficio de la población en general, quedando lejos de una política sanitaria integral.
Las consecuencias de esta subejecución son directas:
* Aumento sostenido de la sobrepoblación animal.
* Mayor riesgo de enfermedades zoonóticas.
* Incremento de mordeduras y accidentes.
* Maltrato animal.
* Colapso del sistema de rescate sostenido por voluntariado.
* Deterioro de la salud pública.
Este escenario se agrava ante la reciente detección de un caso de rabia en un murciélago en la ciudad, lo que refuerza la necesidad urgente de políticas sanitarias eficaces, sostenidas y orientadas a prevenir.
Frente a este panorama, cabe preguntarnos: ¿estamos dimensionando realmente la magnitud del problema y la urgencia de actuar en consecuencia? ¿Podemos seguir sosteniendo este ritmo de intervención cuando el crecimiento poblacional animal avanza más rápido que nuestras respuestas?
*Proteccionistas Unidos