Ya expliqué anteriormente que el terraplanismo es una cuestión de fe, de creencia casi religiosa, que se mantiene a través del tiempo a pesar de todas las evidencias en contra. Además de las que ya mencioné, esta es otra de las ideas terraplanistas fervorosamente profesadas por la gente: los choriplaneros son culpables por la ruina del país.
Tal como dije, la aporofobia (odio o rechazo hacia los pobres), se esconde detrás de expresiones tales como: “Con esta manga de negros, ¿cómo vamos a salir adelante?” “Se embarazan para cobrar un plan.” “Esta gente no cambia más.” “Con la Cynthia y el Brayan nunca saldremos del pozo.”
Lo verdaderamente cierto es que los pobres no tienen acceso a créditos internacionales en dólares, al sistema financiero que les permita operar con bonos de la deuda externa o al sistema bancario que les posibilite crear cuentas off shore en paraísos fiscales. Dada la compleja logística que se requiere para tales casos, es muy difícil que los pobres se dediquen al contrabando de granos y cereales en buques de ultramar o camiones de alto tonelaje. Tampoco es probable que los planeros puedan contratar contadores públicos para que mientan en sus declaraciones juradas, evadan el pago de impuestos o fuguen divisas. Hay que padecer de un terraplanismo muy fundamentalista para no advertir que esta gente está incapacitada para realizar tales acciones (que sí hace la “gente bien”), por una razón muy simple: ¡Los pobres son pobres porque viven descapitalizados! ¡Deosmeo!
Los viajes a Europa, Miami, Panamá o Islas Caimán son algo que los planeros NO acostumbran realizar. Por lo tanto no juegan con la diferencia a su favor entre el dólar de cotización oficial y el “blue” o paralelo. No usan las tarjetas de crédito (al límite) en adquirir bienes de lujo como palos de golf, yates, equipos de buceo deportivo, perfumes, relojes de oro, avionetas de cabotaje, corbatas de seda para que después se los financie el Estado “¡con los impuestos que pagamos todos!” Puse esta frase entre comillas porque en las últimas semanas resultó ser la favorita en las redes sociales: “Usan la plata de mis impuestos para mantener vagos.” Eso esgrime el gorila argentino promedio, refiriéndose a los “vagos pobres”, sin embargo nada dice sobre los “vagos ricos” que vacacionan, vuelan en primera clase, se alojan en hoteles de varias estrellas, compran objetos tan inútiles como costosos y ello a cuenta del erario público, es decir, del dinero de nuestros impuestos.
Derivado de la aporofobia es el odio que el gorilismo siente ante figuras como Milagro Sala o el gremialista Baradel: la primera porque es india colla y el segundo porque parece un croto. La gente superficial y odiadora juzga a los demás por el aspecto físico y no por su inteligencia, su capacidad de liderazgo y eficacia en el cargo que desempeña. Prefiere más a los carilindos e ineptos que a los feos e inteligentes. Por eso, a pesar del “pedigree” que ya ostentaba antes del 2015, votaron a Macri porque era blanquito, de ojos claros, era rico y “los ricos no necesitan robar porque ya tienen plata.” ¡Díganme si eso no es terraplanismo puro!
Aplicando la estrategia del tero que, para despistar, grita lejos de donde están sus pichones, los medios de información concentrados fomentan la aporofobia y el odio hacia los planeros de manera sucia y engañosa. Hace pocos días, una periodista de TN entrevistó largamente a una beneficiaria de planes sociales y la síntesis editorial de la nota fue: “Nos quieren mandar a trabajar y eso no es justo.” Con ese título la difundieron Clarín, Infobae, La Nación, Tic Toc, Facebook (hasta el hartazgo) y otros medios. La mala leche del caso estriba en que se extrajo esa frase del contexto, se la privó de su marco referencial.
Pude ver la nota completa y la entrevistada, una ama de casa con tres niños que, al igual que su marido, debe realizar otras tareas para mantener el hogar, explicaba que, si debía cumplir horarios de 08 a 17, por menos de $ 20.000 (tal es el valor de un plan social promedio), ella se vería imposibilitada de realizar otros empleos para poder ganarse la vida honradamente. El problema de la entrevistada no era el “trabajo”, como se divulgó, sino la carga horaria que se le quería imponer a cambio de un importe tan insignificante.
La bajada de línea fue contundente y exacerbó al gorilaje, que no suele fijarse en el antes y el después de la frase. Pero que sí se fijó en cómo la mujer estaba peinada o en lo bien que se expresaba, ¡cómo si todos los pobres debieran ser desprolijos y malhablados!
Al Grupo Clarín le convienen estas cuestiones mediáticas, que ahondan la grieta y el desencuentro entre argentinos porque, como el tero, quiere distraer al pueblo sobre quiénes son los verdadero culpables de la corrida cambiaria, la suba de precios y la bronca generalizada hacia los más necesitados. Y es porque los verdaderos culpables de fomentar la crisis, tal como ocurrió en los últimos setenta años, son ELLOS.
Y no lo digo yo, lo dice don Arturo Jauretche, tan inoxidable y vigente como de costumbre. Si no me creen, lean este párrafo escrito en 1957: “Al dólar lo suben ELLOS, de esa manera se devalúa el salario. Una de las formas de DISCIPLINAR a los trabajadores que históricamente ha adoptado la OLIGARQUÍA. Los TARIFAZOS los programan ELLOS, una forma de TRANSFERIR recursos del bolsillo del pueblo hacia el poder dominante. La FUGA la facilitan ELLOS, una forma de ENDEUDAR a millones para que se BENEFICIEN unos pocos. La CRISIS que no existía, la generaron ELLOS, porque a través del miedo COLONIZAN el sentido común. El RELATO y la MENTIRA lo implementan ELLOS, para que con la complicidad de los medios nadie sepa la verdad.”
Y don Arturo culmina con esta categórica frase: “Es hora de que te des cuenta que existe un solo camino: o dejamos que sigan diciendo ELLOS o comenzamos a hacer algo por NOSOTROS. No se trata de cambiar de collar, se trata de dejar de ser perro.”