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Lejos pero cerca: la pasión mundialista de un gualeguaychuense en la silenciosa Suiza

Bruno Tommasi, periodista de Gualeguaychú, está trabajando en Suiza y desde allí contó en MÁXIMA cómo se vive el Mundial.

11 Jul, 2026, 13:17 PM

A 1274 metros sobre el nivel del mar, bajo la imponente sombra de los montes Eiger, Mönch y Jungfrau, la vida transcurre a otro ritmo. Wengen, una pintoresca localidad del Oberland bernés en Suiza, es el escenario donde vive y trabaja un gualeguaychuense que, a pesar de la distancia, mantiene intacta la fiebre mundialista.

 

Bruno Tommasi es periodista profesional y además es especialista en preparación de café (barista), y actualmente trabaja como mozo en un hotelo cinco estrellas en Wengen, Suiza. Desde ese lugar habló con RADIO MÁXIMA horas antes del partido Argentina-Suiza.

 

Su camino hasta aquí no fue convencional. Tras ganar un concurso periodístico que lo llevó a las oficinas de la ONU en Ginebra, su espíritu aventurero lo condujo por Australia, Nueva Zelanda y España. Hace un tiempo envió un curriculum por mail y terminó en Suiza.

 

 

Un fanatismo que desentona en el silencio suizo

 

Si bien Wengen es el hogar de una pequeña comunidad de unos 100 argentinos en un total de 1300 habitantes, la experiencia de vivir el Mundial en un entorno tan particular presenta desafíos culturales. "Los suizos viven el deporte como un evento, no lo viven con la pasión que tenemos nosotros", confiesa.

 

Para los habitantes locales, el silencio es un valor supremo. La normativa es estricta: existen reglas de convivencia tan rigurosas que, en ciertos lugares, incluso tirar la cadena del baño después de las diez de la noche puede ser motivo de multa. "Es un placer el silencio de la montaña, son muy celosos de cuidar eso", explica, aclarando que, por lo tanto, el folclore argentino de los gritos y la euforia desmedida no tiene cabida en las calles. "Los suizos no pueden creer nuestro fanatismo", relata entre risas.

 

 

 

El desafío de la diferencia horaria

 

Vivir el Mundial desde Suiza implica sortear una diferencia de cinco horas más respecto a Argentina, lo que obliga a adaptar los horarios de descanso. La pasión no entiende de jornadas laborales: recientemente, un partido fue transmitido a la medianoche.

 

"Entro a trabajar a las seis de la mañana, así que me toca ir directo después de ver el partido, sin dormir", comenta con la resignación propia del hincha que no está dispuesto a perderse ni un minuto de juego.

 

A esta tensión se le suma un condimento especial dentro del hotel: la mitad del personal es de origen portugués. La rivalidad con Cristiano Ronaldo y el equipo luso se siente en los pasillos, donde los compañeros europeos aguardan, expectantes y "agazapados", cualquier traspié para iniciar las cargadas.

 

Desde las alturas de los Alpes, entre el estricto silencio suizo y la efervescencia argentina, nuestro copoblano vive el Mundial como un puente invisible que, por noventa minutos, lo devuelve a casa.

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