Simpatías ideológicas, amistades, conveniencias y silencios estratégicos, y demasiada hipocresia "Ambientalistas para mirar afuera, silenciosos para mirar adentro"
¿El derecho al ambiente sano justificaba una medida excepcional de protesta? ellos decidían en algún Club a mano alzada seguir con el corte o habilitar el tránsito, La defensa del ambiente no habilita a restringir de manera permanente derechos constitucionales de terceros ni a reemplazar las funciones del Estado.
El desafío pendiente, de los cortadores de la ruta de Nacional 136, un corredor internacional clave con el Puente Internacional, uniendo Argentina con Fray Bentos, una arteria fundamental para el tránsito vecinal, comercial y turístico hacia Uruguay. Desde el punto de vista jurídico, el derecho a protestar no es absoluto. Debe compatibilizarse con otros derechos constitucionales, como la libertad de circulación, (art. 14 de la Constitución Nacional) y el respeto al orden público, (art.194 del Código Penal)
Ese fue uno de los grandes debates durante los años en que permaneció bloqueado el paso del Puente Internacional General San Martín. Ningún grupo de ciudadanos puede atribuirse la facultad de impedir el tránsito de terceros durante meses o años, porque ello implica limitar derechos de otras personas sin respaldo legal.
Problemas ambientales de la ciudad
Dejar de buscar siempre las amenazas en otros lugares y comenzar a preguntarnos si estamos dispuestos a enfrentar, con la misma valentía, los problemas ambientales que existen en nuestra propia ciudad.
¿Qué ocurre cuando algunos referentes ambientalistas pasan a ocupar cargos políticos, funciones de asesoramiento o espacios cercanos al poder”?
La participación política no es un delito ni algo cuestionable en sí mismo. Por el contrario, cualquier ciudadano tiene derecho a involucrarse en la vida pública. El problema aparece cuando quienes durante años se presentaron como independientes terminan alineados con determinados sectores políticos y dejan de ejercer el mismo nivel de crítica que mantenían cuando estaban fuera del Estado.
Los ambientalistas que eligen qué contaminación denunciar, cuando se condena una conducta contaminante pero se guarda silencio frente a otra similar, el mensaje que se transmite es contradictorio
La valentía de Majul y Luciano
En tiempos donde muchas causas suelen quedar condicionadas por intereses políticos, económicos o personales, la trayectoria de Julio Majul y la continuidad de Ricardo Luciano merecen un reconocimiento especial por la valentía demostrada a lo largo de los años.
Defender una causa ambiental no siempre resulta cómodo. Significa exponerse a críticas, cuestionamientos, presiones e incluso al desgaste personal que implica sostener una posición firme cuando otros prefieren el silencio. Tanto Majul como Luciano eligieron ese camino, convencidos de que la protección del ambiente era una obligación moral y ciudadana.
Más allá de las opiniones que puedan existir sobre determinadas causas o estrategias, resulta difícil negar que ambos han demostrado coherencia entre lo que piensan, lo que dicen y lo que hacen. Y en una época donde la coherencia muchas veces escasea, esa actitud adquiere un valor aún mayor.
MAJUL JULIO: (mis respetos y cariño siempre) Como dato público, el caso Amarras estuvo vinculado a un largo proceso judicial sobre el desarrollo inmobiliario en la zona de humedales del río Gualeguaychú y tuvo intervención de la justicia provincial y de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. El Dr. Julio Majul fue uno de los vecinos ambientalistas más identificados con los cuestionamientos al proyecto.
LUCIANO RICARDO: (no claudiques) El Dr. Luciano encabeza denuncias penales contra el Parque Industrial de Gualeguaychú (PIG) y la Corporación del Desarrollo (CODEGU) por el volcado de efluentes industriales sin tratar al río local. Él sostiene que los organismos de control han estado ausentes y ha criticado duramente las irregularidades detectadas en las instalaciones.
Gualeguaychú construyó gran parte de su identidad moderna sobre la defensa del medio ambiente. La histórica lucha contra la contaminación del río Uruguay movilizó durante años a miles de vecinos y convirtió a la ciudad en una referencia nacional en materia ambiental. Sin embargo, con el paso del tiempo surge una pregunta incómoda: ¿la defensa del medio ambiente se aplica con la misma firmeza para todos los casos?
Resulta difícil no advertir cierta selectividad. Mientras algunas problemáticas reciben una enorme visibilidad pública, otras parecen quedar relegadas a un segundo plano. Contaminación de cursos de agua, caza furtiva, destrucción de hábitats naturales, micro basurales urbanos y diversas agresiones al ecosistema local muchas veces no generan la misma reacción ni el mismo nivel de movilización.
La protección ambiental no puede depender de quién sea el responsable, de la conveniencia política del momento o de la repercusión mediática que tenga un hecho. El ambiente debe defenderse siempre, sin excepciones y sin doble vara. Cuando se condena una conducta contaminante, pero se guarda silencio frente a otra similar, el mensaje que se transmite es contradictorio.
Los ciudadanos tienen derecho a exigir coherencia. Si el medio ambiente es una causa colectiva, entonces debe ser defendido frente a cualquier amenaza, provenga de donde provenga. La preservación de los recursos naturales, la fauna silvestre, los humedales, los montes nativos y los cursos de agua requiere controles permanentes, decisiones firmes y una actitud constante de las autoridades y de la sociedad.
Gualeguaychú no debe conformarse con el prestigio ganado en el pasado. El verdadero compromiso ambiental se demuestra todos los días, enfrentando cada problema con la misma determinación y sin mirar nombres, intereses o conveniencias.
La defensa del ambiente pierde fuerza cuando se vuelve selectiva. Por el contrario, se fortalece cuando se convierte en una política permanente, coherente y aplicada por igual a todos.
Aquella lucha tuvo como principal fortaleza la participación genuina de vecinos preocupados por el futuro de la región y la protección de los recursos naturales. Era una causa que trascendía banderías partidarias y que encontraba su legitimidad en el compromiso de quienes dedicaban tiempo y esfuerzo por una convicción ambiental.
¿Por qué el Parque Industrial no genera la misma reacción ambiental? ¿Doble vara?
La pregunta es simple: Resulta llamativo que algunos sectores que históricamente levantaron la voz frente a situaciones externas parezcan mostrar menor intensidad cuando las controversias ambientales se desarrollan dentro de la ciudad o afectan intereses locales. ¿El ambiente se defiende siempre o solamente cuando resulta conveniente?
En ese contexto, el debate sobre el impacto ambiental vinculado al Parque Industrial vuelve a poner sobre la mesa una discusión necesaria. Si existen preocupaciones ambientales, denuncias vecinales o reclamos relacionados con posibles efectos sobre el ambiente, resulta legítimo preguntarse
¿Cuál es la posición de las organizaciones ambientalistas y de los referentes que históricamente han intervenido en estos temas?
La cuestión no pasa por señalar culpables ni por descalificar trayectorias de lucha que han sido importantes para la ciudad. Se trata, simplemente, de reclamar coherencia. La defensa del ambiente debe ser un principio aplicable a todas las situaciones, sin importar quién sea el responsable, qué intereses económicos estén involucrados o qué costos políticos pueda tener pronunciarse.
Muchos vecinos se preguntan si los referentes ambientalistas conocen en profundidad lo que ocurre en relación con el Parque Industrial, si consideran que no existe riesgo ambiental o si, por el contrario, entienden que corresponde una intervención más activa. Son interrogantes legítimos que merecen respuestas claras y transparentes.
La credibilidad de cualquier movimiento ambiental se fortalece cuando mantiene los mismos criterios frente a todos los casos. La sociedad necesita debates abiertos, información pública y posiciones fundamentadas. Si hay problemas ambientales, deben ser investigados. Si no los hay, también corresponde explicarlo con claridad.
El ambiente no reconoce simpatías políticas ni intereses sectoriales. Por eso, la comunidad y quien suscribe tiene derecho a preguntar y los distintos actores sociales tienen la oportunidad de responder. El silencio, en estos casos, suele generar más dudas que certezas.
La verdadera defensa ambiental no debería depender de simpatías ideológicas, amistades, conveniencias o silencios estratégicos. Si un daño ambiental merece ser denunciado, debe ser denunciado siempre. Si una actividad requiere controles, esos controles deben exigirse en todos los casos.
La sociedad tiene derecho a reclamar coherencia. Porque cuando la defensa del ambiente se vuelve selectiva, aparece una crítica difícil de ignorar: la de quienes sostienen que algunas causas reciben atención mientras otras quedan relegadas por conveniencia. Y cuando esa percepción se instala, el riesgo es que la lucha ambiental pierda la autoridad moral que durante tantos años supo construir.
La protección del ambiente requiere compromiso permanente, independencia y valentía para señalar los problemas sin importar quién sea el responsable. De lo contrario, la doble vara termina dañando una causa que debería estar por encima de cualquier interés particular.
Ariel Heidenreich.