Osiris, bombero voluntario de Gualeguay, contó su experiencia en RADIO MÁXIMA y señaló que el escenario de trabajo fue muy fuerte. “No nos imaginábamos que la magnitud del desastre iba a ser tan grande”. Fuentes del lugar aseguraron que los edificios caídos fueron más de 700.
Pese al contexto, calificaron los resultados como positivos. “Nosotros pertenecemos a una escuela que es una ONG, que se encarga de los perros de búsqueda y de rescate. Fuimos diez personas en total, dos de Entre Ríos y los demás de Buenos Aires, nuestro trabajo era la localización de víctimas. Tenemos perros de búsqueda de personas vivas y de personas fallecidas”, indicó Osiris.
El trabajo de los rescatistas consistía en la demarcación de espacios señalados por los perros de búsqueda, cuando detectaban la presencia de personas, tanto vivas como fallecidas.
El equipo viajó a Venezuela con nueve perros, con los que se realizaban hasta tres pases por un mismo lugar para alcanzar mayor precisión en la localización.
“No nos quedábamos con una sola marcación. Fue un trabajo arduo, varias horas, con los respectivos descansos para los perros. Creemos que fue positivo, se hizo un buen trabajo. Tratábamos de localizar a la víctima y de dar el punto más exacto. Hicimos 48 localizaciones, cinco personas con vida y el resto fueron personas fallecidas”, sostuvo el bombero.
Una vez realizadas las demarcaciones, el trabajo pasaba a una segunda etapa que consistía en el apuntalamiento de las estructuras para poder ingresar a rescatar a las personas localizadas.
“Hay brigadas especiales que se encargan del apuntalamiento para evitar que los edificios sigan cayendo, otros se encargan de la remoción de escombros, tienen todas las herramientas para hacer este trabajo”, detalló.
En la zona más afectada por los terremotos, no hay energía, no hay internet, ni agua y las temperaturas son elevadas, lo que dificulta el trabajo con los perros de búsqueda.
“Nuestros perros sufrían mucho el calor, tratábamos de no trabajar el medio día. Empezábamos muy temprano casi de madrugada, hasta las 11. Empezábamos de nuevo a las 4 y después toda la noche. Había que hacer mucho silencio para tratar de localizar sonidos que nos permitieran identificar personas con vida”, sostuvo.