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A un año del nuevo Papa

“El 8 de mayo del año pasado, el mundo presenciaba la elección de León XIV como sucesor de Pedro…” Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo

10 May, 2026, 10:28 AM

El 8 de mayo del año pasado, el mundo presenciaba la elección de León XIV como sucesor de Pedro. Las primeras imágenes que circularon de su tarea como obispo en Perú marcaron una impronta imborrable: visitando zonas rurales montado en burro, sirviendo guiso a los necesitados y caminando entre el barro de los barrios más humildes. Estos gestos, llenos de simbolismo, resonaron en el corazón de los fieles y de quienes, sin profesar la fe, buscan referentes de humanidad y cercanía.

 

La llegada de León XIV ha traído consigo inevitables comparaciones con el Papa Francisco. Ambos han optado por un estilo pastoral cercano, sensible y comprometido con los pobres. Francisco abrió y consolidó el camino sinodal, que León XIV ha confirmado en su itinerario para los próximos años. Quiso, además, promover una nueva adhesión al texto programático del Papa Bergoglio: Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio). Mostró continuidad sin ser fotocopia.

 

La sucesión apostólica constituye el corazón de la Iglesia. No se trata solo de la “continuidad institucional”, sino de una transmisión viva de la fe, que se renueva en cada Papa y se fortalece en la comunión universal. León XIV, al recibir el ministerio petrino, ha reafirmado este vínculo espiritual, recordando en múltiples ocasiones la importancia de la unidad y la fidelidad a la tradición, al tiempo que impulsa a la Iglesia hacia nuevos horizontes. Recibamos con docilidad su llamado a la renovación espiritual, a la conversión pastoral, a la cercanía con Jesús y con los pobres.

 

Durante su primer año, León XIV recorrió lugares pobres, sin dejar de lado algunos ricos, llevando el mensaje del Evangelio a periferias y centros de poder. Sus visitas a barrios marginales, hospitales, cárceles y comunidades campesinas han sido tan significativas como sus encuentros con líderes mundiales y empresarios. En cada viaje, el Papa ha insistido en la dignidad de cada persona, en la solidaridad y en la justicia, sin distinción de origen o condición social.

 

Al nuevo pontífice le ha tocado acompañar activamente las celebraciones del Año Santo, animando a todos a ser Peregrinos de Esperanza. Ha confirmado el camino sinodal iniciado por Francisco, invitando a los fieles a caminar juntos, a escuchar y a discernir los signos de los tiempos, siempre en un espíritu de fraternidad y apertura.

 

Entre los frutos de este primer año se destaca la Exhortación Apostólica Dilexi te, en la que León XIV profundiza sobre el amor hacia los pobres y la opción preferencial por los marginados. Este documento, elaborado a partir de apuntes del Papa Francisco, es un verdadero regalo para la Iglesia y la humanidad, llama a la acción concreta, a la generosidad y a la construcción de una sociedad más justa.

 

León XIV se ha distinguido por su prédica constante por la PAZ, en un mundo marcado por conflictos y tensiones. Sus mensajes han sido claros y esperanzadores, exhortando a la reconciliación y al diálogo. Ante las provocaciones de los poderosos, el Papa ha respondido siempre con serenidad, firmeza y humildad, evitando enfrentamientos y llamando a la conversión del corazón. Su actitud, lejos de la confrontación, es ejemplo de mansedumbre y fortaleza evangélica.

 

Según se ha informado en el Vaticano, León XIV está preparando su primera Encíclica, en la cual nos dará enseñanzas acerca del impacto de la inteligencia artificial, la construcción de la paz en medio de las crisis del derecho internacional y los organismos mundiales, entre otros temas. Acojamos su Magisterio.

 

A un año de su elección, la Iglesia y el mundo agradecen la presencia luminosa y renovadora de León XIV. Sus gestos, palabras y acciones inspiran a avanzar como Peregrinos de Esperanza, a vivir la fe con alegría y compromiso, y a construir juntos un futuro más fraterno. En este aniversario, elevamos una oración por él, por su misión y por la comunidad universal, pidiendo que el Espíritu lo siga guiando en el desafío de ser testigo del amor y la paz.

 

Dios quiera que pronto lo tengamos entre nosotros.

 

El 11 de mayo se cumplen 52 años del asesinato de padre Carlos Mugica; los sacerdotes de villas de nuestro país lo recordaron puntualizando —además de su cariño, gratitud e inspiración— que fue parte “de esa ‘iglesia pobre para los pobres’ de la cual salió el Papa Francisco, quien la supo encarnar y hacer trascender al mundo”.

 

Y también el 11 de mayo, con Catamarca celebramos los 200 años del nacimiento de Fray Mamerto Esquiú, “hijo ilustre de esa tierra y testigo luminoso del Evangelio para nuestra Patria”, como expresaron las máximas autoridades de nuestra Conferencia Episcopal a monseñor Urbanc —obispo local— a través de una carta.

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