Tracción a sangre: el desafío de erradicar una práctica que vulnera derechos humanos y animales, La tracción a sangre continúa siendo una realidad en numerosas ciudades argentinas, pese a los avances legislativos y a los reiterados reclamos de organizaciones sociales, proteccionistas y organismos de derechos humanos. La utilización de caballos para tirar carros destinados al transporte de residuos, escombros o materiales reciclables expone tanto a los animales como a las familias involucradas en una situación de vulnerabilidad social.
Detrás de una escena que aún forma parte del paisaje cotidiano, se esconde una problemática compleja que involucra maltrato animal, exclusión social y la necesidad urgente de implementar políticas públicas eficaces y sostenidas en el tiempo.
Antecedentes en San José de Gualeguaychú
La ciudad reguló inicialmente esta actividad mediante la Ordenanza N. º 11.417/2010, que creó un registro municipal para vehículos de tracción a sangre y estableció controles veterinarios, restricciones de circulación y obligaciones para los propietarios. La norma no prohibía la actividad, sino que buscaba regularla.
Posteriormente, en noviembre de 2023, el Concejo Deliberante aprobó otra Ordenanza N.º 12.837/2023, mediante la cual se creó un programa de sustitución de vehículos de tracción animal y se avanzó hacia la prohibición de los carros tirados por caballos dentro del ejido municipal. La normativa contempla un proceso de reconversión para los trabajadores alcanzados y la implementación progresiva de medidas destinadas a erradicar definitivamente esta práctica.
Asimismo, durante este 2026, funcionarios municipales confirmaron que se encontraban trabajando en la reglamentación necesaria para hacer efectiva la aplicación plena de la ordenanza y concretar la eliminación de la tracción a sangre en la ciudad.
Sin embargo, la problemática continúa vigente. Hace apenas unos días, vecinos de Gualeguaychú registraron imágenes de un caballo tirando un carro sobrecargado que transportaba prácticamente la estructura completa de un automóvil. La situación generó preocupación e indignación en gran parte de la comunidad, al evidenciar el enorme esfuerzo físico al que son sometidos estos animales y la necesidad de acelerar las medidas destinadas a erradicar definitivamente esta modalidad de trabajo.
Diversos especialistas coinciden en que la eliminación de la tracción a sangre requiere mucho más que una simple prohibición. El fenómeno está estrechamente vinculado a la pobreza estructural, la falta de oportunidades laborales y la ausencia de políticas públicas integrales que permitan ofrecer alternativas reales a quienes dependen de esta actividad para subsistir.
Los caballos utilizados en esta tarea suelen enfrentar extensas jornadas de trabajo, alimentación insuficiente, escasa atención veterinaria y condiciones que afectan gravemente su bienestar. A ello se suman los riesgos de accidentes de tránsito, tanto para los animales como para conductores, peatones y los propios carreros.
En distintas provincias y municipios del país se han implementado programas de reconversión laboral que incluyen la entrega de motocarros, capacitaciones en oficios y asistencia económica destinada a facilitar la transición hacia actividades más seguras y sustentables. Sin embargo, los resultados han sido dispares debido a limitaciones presupuestarias y dificultades en la continuidad de las políticas implementadas.
Las organizaciones defensoras de los animales sostienen que la erradicación total de la tracción a sangre constituye una deuda pendiente de la sociedad argentina. Entienden que la protección del bienestar animal debe ir acompañada de medidas de inclusión social que garanticen fuentes de ingreso dignas para las familias afectadas.
Mientras tanto, el debate continúa abierto entre quienes reclaman una prohibición inmediata y quienes advierten que cualquier solución debe contemplar la complejidad social del fenómeno. Lo que parece indiscutible es que la erradicación de la tracción a sangre exige una respuesta integral del Estado, con políticas sostenidas que protejan tanto a los animales como a las personas.
La construcción de ciudades más modernas, seguras e inclusivas dependerá, en gran medida, de la capacidad de transformar esta realidad mediante alternativas que combinen desarrollo social, empleo digno y respeto por la vida animal.
La erradicación de la tracción a sangre no debe entenderse únicamente como una cuestión normativa o administrativa, sino como una decisión ética que refleja el grado de evolución de una sociedad. Los animales no son herramientas de trabajo ni recursos descartables; son seres vivos capaces de sentir dolor, sufrimiento y agotamiento.
Avanzar hacia el fin definitivo de esta práctica implica reconocer su dignidad y asumir la responsabilidad de construir una convivencia más respetuosa con todas las formas de vida. Al mismo tiempo, el desafío exige acompañar a las familias que históricamente dependieron de esta actividad, garantizando alternativas laborales dignas y sostenibles.
Una comunidad verdaderamente justa es aquella que protege a los más vulnerables, sean personas o animales. Erradicar la tracción a sangre es, en definitiva, un paso necesario hacia una ciudad más humana, más solidaria y comprometida con el respeto por la vida.
Ariel Heidenreich