Su madre Diana Tellechea, habló con RADIO MÁXIMA y cuestionó el diagnóstico inicial. Pidió que su experiencia sirva de advertencia para otras familias. “No tengo palabras para describir lo que pasó, hablo desde el dolor de una madre”.
Camila llevaba una vida saludable y tenía proyectos personales y profesionales, recordó su madre. “Sana en todas sus actitudes, desde salir a caminar todos los días. El año pasado se había recibido en Concepción del Uruguay, de Técnica en Diagnóstico por Imágenes. Era una gurisa llena de ganas de vivir, de trabajar. Estaba haciendo prácticas trabajando aquí.”
El comienzo de la emergencia
El martes 14 de julio la familia encontró a Camila inconsciente en su habitación y decidió trasladarla inmediatamente a la guardia hospitalaria.
“El 14 de julio, estaba acá en casa, mi esposo sale a buscarme, yo estaba visitando a mis padres. Cuando llegamos la encontramos desvanecida en su dormitorio, la quisimos hacer reaccionar con mi otra hija, pero no respondía. Salimos rápido para la guardia del hospital”.
Según el relato de su madre, Camila permaneció sin recuperar el conocimiento durante la atención inicial.“Nos reciben en la guardia, ella seguía sin recuperar el conocimiento”, Después de esperar durante un tiempo, la familia pidió explicaciones sobre el estado de su hija. “A los 45 minutos, sale una enfermera, y le pregunté cómo estaba mi hija. Me dijo que seguía igual, ya había pasado un tiempo”, expresó.
De acuerdo con su testimonio, los médicos le informaron que le habían realizado una tomografía, pero que no se observaban anomalías y que permanecería en observación. “Nos dijeron que le habían hecho una tomografía, pero que no se veía nada. Que la iban a dejar en observación y que tuviéramos paciencia”, indicó.
El traslado y los estudios
La familia decidió trasladar a Camila a una clínica privada, donde continuó siendo evaluada. “Hace un mes tuvimos una experiencia similar con otro familiar, decido trasladarla a una clínica privada. La reciben en la guardia. Seguía sin reacción pero ya había abierto los ojos”, describió.
Según contó su madre, un neurólogo descartó inicialmente algunas posibilidades y planteó la posibilidad de que hubiera ingerido alguna sustancia.
“El neurólogo la revisa y nos da un informe. Nos dice que descartaba algo isquémico, y una meningitis. Que me quedara tranquila, que le iban a pasar un suero porque sospechaba que podía ser una ingesta de alguna sustancia. Me dijo que viniera a casa a descansar y que revisara en casa, si encontraba algo que ella hubiera podido ingerir”, contó Diana.
“Mi esposo se quedó con Camila en la clínica. Revisé en casa, pero yo sabía que no iba a encontrar nada, y no encontré nada.”
Al día siguiente los profesionales le indicaron que el cuadro continuaba siendo confuso y recomendaron trasladarla nuevamente. “El miércoles a la mañana otro médico nos dice que descartaban un isquémico, o algo bacterial, que era algo neurológico, y que la doctora no se animaba a dar un diagnóstico porque estaba confuso lo que se veía.
Ellos nos sugieren un traslado a otra ciudad”, explicó. Camila fue sometida además a una punción lumbar para descartar meningitis y posteriormente trasladada a Puigari.
Muerte cerebral
“Ese día jugaba Argentina, el medico nos dice que tipo 18:30 o 19 horas, la iban a llevar a otra clínica para hacerle la resonancia, después de que terminó el partido.
En el resultado de la resonancia sale una manchita, que era una supuesta isquemia. Salimos para Villa Libertador. Cuando llegamos, mi hija ya tenía muerte cerebral”, recordó Diana, y agregó que existía la posibilidad de una intervención quirúrgica.
“En Villa Libertador nos dijeron que había un 2 por ciento de vida, iba a quedar sin habla, o sin poder caminar, o podía fallecer en la cirugía. No se pudo hacer nada más porque ya era tarde. Nada se podía hacer, la entubaron. Los médicos cuando nos dan un informe, nos dijeron que se dejaron estar”, respecto a las atenciones que recibió la joven inicialmente.
Cuestionamientos a la atención médica
A partir de esa información, la madre comenzó a cuestionarse si el diagnóstico y la atención inicial habían sido los adecuados. “Entonces mi pregunta es ¿dónde se prepararon los neurólogos que trabajan en Gualeguaychú…dónde estudiaron…cómo no se dieron cuenta de lo que le estaba pasando?
También cuestionó particularmente la hipótesis inicial sobre una posible ingesta de sustancias de parte de su hija y señaló la falta de empatía profesional.
“El médico que la estaba tratando me dijo que le iban a pasar solo un suero, porque era muy pronto…y trató a mi hija como una adicta, que me fuera a fijar si había tomado alguna sustancia, con una falta de empatía. Cuando uno va al médico, confía en el profesional al que te presentas”, lamentó.
La decisión de donar sus órganos
La familia también decidió respetar la voluntad que Camila había expresado previamente. “Cuando me muera, quiero que donen mis órganos y me cremen mami”, le decía su hija.
“Y yo le respondía que eso se lo dijera a sus hijos, porque la ley de la vida no es enterrar a un hijo”. Finalmente, sus órganos fueron destinados a distintos pacientes. “Un nene de ocho años del Garrahan estaba esperando un riñón urgente. Otros órganos fueron para el Hospital Italiano y otros quedaron para salvar vidas aquí en Entre Ríos. Nosotros respetamos su voluntad, que era donar”, describió.
Un pedido a otras familias
Diana describió la necesidad de contar la historia de Camila, para evitar que a otras familias pasen por la misma situación.
“En mi dolor, quiero transmitirle a otras familias, que si a alguna le pasa lo mismo, por favor, reaccionen más rápido que nosotros”, manifestó la madre, y agregó que “nosotros confiamos en nuestros profesionales de Gualeguaychú, sobre todo en la parte de neurología. Quiero que se enteren de cómo fue la partida inesperada de mi hija”.