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Día del Padre: desafíos, el cuidado y la fe

El Día del Padre nos invita, cada año, a detenernos y honrar esa figura fundamental que guía, inspira, cuida y acompaña. Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo.

21 Jun, 2026, 11:14 AM
Imagen ilustrativa

El Día del Padre nos invita, cada año, a detenernos y honrar esa figura fundamental que guía, inspira, cuida y acompaña. En un mundo de cambios vertiginosos, la paternidad se enfrenta a desafíos inéditos: incertidumbre económica, nuevas problemáticas sociales, y una realidad educativa y tecnológica que evoluciona a pasos acelerados. Es momento de reflexionar sobre el rol de los padres en este escenario, reconociendo tanto sus luchas silenciosas como el inmenso valor de su presencia afectiva y protectora.

 

Ser padre hoy implica un compromiso profundo con la educación en todas sus formas. No se trata sólo de acompañar a los hijos en el camino escolar o universitario, sino de sostenerlos ante los riesgos del abandono, de motivarlos a superar obstáculos y a descubrir el valor del esfuerzo. Además, el espectro de las adicciones —desde sustancias hasta la ludopatía y el consumo digital— representa otro gran reto. Proteger, orientar y educar para que los hijos puedan tomar decisiones saludables requiere diálogo, paciencia y una mirada compasiva.

 

La salud, tanto física como emocional, se ha vuelto un eje central en la paternidad. Garantizar una buena alimentación, promover hábitos de vida sanos y estar atentos a las señales de malestar son gestos cotidianos que hablan de un cuidado genuino, capaz de marcar una diferencia en el desarrollo y bienestar de los hijos.

 

El cuidado es una dimensión esencial en la paternidad. Se expresa en los detalles: preparar una comida juntos, escuchar con atención, compartir la mesa y el tiempo, fortalece el vínculo afectivo y genera experiencias que permanecen en la memoria. Practicar deportes, leer un libro, armar un rompecabezas o simplemente conversar en el camino al colegio, son instantes que construyen confianza y sentido de pertenencia. En la cotidianeidad, el padre es sostén, guía y refugio, aunque muchas veces no lo diga en palabras.

 

Educar implica, también, enseñar a afrontar victorias y derrotas. Los triunfos invitan a celebrar el esfuerzo; las caídas, a aprender y levantarse. Un padre que acompaña sin juzgar, que alienta a intentar de nuevo, transmite resiliencia, humildad y esperanza. Enseñar a ganar sin arrogancia y a perder sin desánimo es preparar a los hijos para la vida, con su ritmo impredecible y sus lecciones profundas. En esta línea va el mensaje que el Papa León XIV ha grabado con ocasión del mundial de futbol.

 

Muchos papás enfrentan, en silencio, inseguridades y dificultades económicas. La preocupación por el futuro, la ansiedad ante la inestabilidad laboral, y el esfuerzo constante para garantizar lo básico —alimentación, vivienda, educación— son realidades que a menudo se viven en solitario. Reconocer estos silencios es valorar aún más la entrega cotidiana, la fuerza invisible que sostiene a las familias.

 

La paternidad, lo sabemos, trasciende la biología: los padres adoptivos y los abuelos ocupan un lugar irremplazable. Con su entrega, amor y paciencia demuestran que ser padre es una elección diaria, un acto de generosidad y compromiso. Los abuelos, con su experiencia y ternura, son refugio y memoria viva; los padres adoptivos, con su capacidad de amar sin condiciones, nos dan testimonio sobre el afecto y el cuidado.

 

En medio de los desafíos, la fe se convierte en un apoyo luminoso. Saber que somos hijos amados por Dios Padre, independientes de nuestras circunstancias o errores, es fuente de consuelo y fortaleza. La fe invita a confiar, a perseverar, a no perder la esperanza cuando todo parece incierto. En ella, los padres encuentran inspiración para ser mejores, para acompañar, perdonar y crecer junto a sus hijos. Porque, más allá de los roles, todos somos hijos en el corazón de Dios, y allí el amor se renueva cada día.

 

Hoy comienza el invierno. Cuidemos a quienes están a la intemperie.

 

El próximo 24 de junio celebramos el nacimiento de San Juan Bautista, nuestro Patrono. Él nos muestra a Jesús como salvador y nos llama a seguirlo.

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