SALUTACIÓN

02 de Diciembre de 2020

El Hospital Centenario les desea un muy feliz día a los médicos y las médicas

Desde la institución destacan el testimonio de dos médicos, uno ya jubilado y el otro en la trinchera frente a la pandemia.

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Martinolich y García
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El 3 de diciembre se celebra en nuestro país y en toda Latinoamérica  el día del médico, en honor a Carlos Juan Finlay Barres, médico y científico cubano que descubrió que un mosquito (aedes aegypti) era el responsable de la transmisión de la fiebre amarilla.

 

En agosto de 1956 la Argentina se adhirió oficialmente a la conmemoración, a iniciativa del Colegio Médico de Córdoba, avalada por la Confederación Médica Argentina y oficializada por decreto del gobierno nacional.

 

En este 2020 es grande la lista de quienes en este preciso momento están en un consultorio, un quirófano, una unidad médica; en regiones apartadas, han dejado de pertenecerse para servir. Son ellos los que incansablemente han estado en la primera línea de batalla contra  la pandemia.

 

No será un 3 de diciembre cualquiera, ya que la labor del personal médico y de salud fue, y sigue siendo más que fundamental en el país y en el mundo entero, debido a la pelea que se mantiene por combatir la pandemia por el Covid-19.

 

Según información de la ONU, a nivel mundial solo el 5% de casos positivos por COVID-19 corresponden al personal médico; un descenso por demás notable a comparación del 14% que se manejaba a medio año cuando el mundo entero se encontraba en alerta máxima. Eso habla del control que se realizó en centros médicos, y de la labor de los médicos hacia sus pacientes como con ellos mismos, al mantener las medidas adecuadas para el control de la enfermedad.

 

Feliz día a aquellos que tienen la posibilidad de equilibrar la ciencia con el arte, la sabiduría con la palabra y el conocimiento con el amor.

 

 

La medicina en el corazón

 

José Luis Martinolich tiene 77 años, está jubilado y por más de 50 años ejerció la medicina cardiológica.

 

Se recibió en diciembre de 1968 en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Plata. Dos años antes ya concurría al servicio de cardiología del Hospital Gutiérrez de la capital de la provincia de Bs. As. y luego de egresar recorrió un año del servicio en el Hospital Argerich en Capital Federal, donde recién comenzaban las unidades coronarias.

 

Así fue que en 1969 se trasladó a Gualeguaychú, abrió su consultorio privado y simultáneamente comenzó a trabajar en el Hospital Centenario luego de ser entrevistado por el Director que en aquel momento era el Dr. Suárez,  y trabajó allí hasta que se jubiló.

 

“En esa época no había conformado un servicio de cardiología como en la actualidad. Atendíamos en la sala de clínica, tanto de mujeres como de hombres y por supuesto evacuábamos todas las consultas prequirúrgicas, ambulatorias y de internación”, expresó José Luis.

 

Y agregó: “éramos dos médicos cardiólogos en el Hospital, Jorge Martínez Garbino y yo. Nos manejábamos con la clínica y el electrocardiograma fundamentalmente, las enzimas cardíacas recién hacían su aparición como método de diagnóstico complementario. Esas eran las armas que teníamos para resolver los casos cardiológicos dentro y fuera del Hospital”.

 

Contó además que en el año 1970 en el Hospital Centenario existían, la sala de clínica y cirugía (de hombres y mujeres), el servicio de urología y el de psiquiatría. “Era una época muy linda, había mucho compañerismo y nos conocíamos todos”.

 

“Siempre traté de mantenerme en contacto con Bs. As., viajaba permanentemente para estar actualizado en un momento dónde aún no existían los puentes, ni las computadoras”, comentó.

 

Contemporáneo de Favaloro, Martinolich recuerda haber derivado pacientes a sus manos cuando ejercía en el Hospital Gûemes y expresa que con los años fue adquiriendo relevancia la aparatología, conforme a la evolución tecnológica.

 

Se recibió a los 25 años, trabajó en el Hospital hasta el 2001 y luego de diez años de retirado de la medicina cuenta que tiene dos hijos médicos, y cinco nietos. Eligió la profesión de médico especialista en cardiología motivado por un profesor en el colegio secundario que era el cardiólogo de la ciudad.

 

“Hay que tratar de mantenerse al día, actualizarse, la medicina es experiencia y hay que hacerla. Hay que ver al paciente, destaparlo, conversar, saber lo que le pasa, que es lo que siente y estar fundamentalmente en contacto con los centros médicos que van a la cabeza en la evolución de la ciencia médica”, expresa para sus colegas en este día tan especial.

 

 

El mejor regalo es cuidarnos entre todos

Juan García es uno de los responsables de la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Centenario, “la primera línea de batalla contra el Coronavirus”, como fue catalogada por los medios y la sociedad en este particular 2020.

 

Acerca de este 3 de diciembre, el médico expresó que siempre es una fecha significativa para el profesional, que se potencia en este contexto. “Nos incrementa el servicio de vocación y de necesidad de estar presentes para los pacientes. Estamos entrenados y preparados, y entramos a la cancha para combatir el virus”, sintió.

 

 “El trabajo es arduo, a tal punto de casi agotarnos, pero lo estamos sabiendo sobrellevar”, describió Juan, vinculado “24 por 7”a brindar servicio a la comunidad a través de su labor en el nosocomio, reconocida por todos sus compañeros.

 

Con respecto al manejo de la pandemia, el terapista destacó la celeridad con que se actuó desde el Ministerio de Salud para diagramar y potenciar la infraestructura para hacerle frente, y también valoró que nunca faltaron en la provincia los insumos necesarios y los equipos de protección para los profesionales.

 

Juan consideró que lo más angustiante es no saber si en seis meses o en un año la pandemia va a terminar, más allá de la esperanza de las vacunas. “El problema mayor siempre es el recurso humano. Por ejemplo, el área crítica es muy especial y no la puede manejar cualquiera, son pocos los especialistas ante tanta demanda”, detalló.

 

Es para destacar la labor que afrontan día a día en el área de cuidados críticos del Hospital Centenario, la cual consta de un monitoreo permanente y del manejo de parámetros del organismo para los cuales están especialmente entrenados. Además, se ocupan de todo lo que respecta a la vía aérea de los pacientes: el monitoreo de la parte cardiovascular, el uso de equipos de asistencia ventilatoria mecánica (que son para pacientes que entran en insuficiencias respiratorias y generalmente requieren un mayor nivel de complejidad).

 

“Un paciente Covid no se ventila igual que otros con diferentes patologías”, aseguró Juan. Contó que “lleva un plus aparte la atención de los pacientes críticos”, al explicar que “se tiene el concepto erróneo de que el paciente con Covid-19 hace neumonía y  punto, y sin embargo el virus hace lo que se denomina repercusión sistémica: impacta en la parte respiratoria, cardiológica y renal, lo que provoca descomposición importante”.

 

Vale recordar que la mortalidad de los pacientes ventilados es alta en todo el mundo, y Gualeguaychú no ha escapado a esa lógica. Ante esto, el especialista dijo que “el terapista está un poco familiarizado o entrenado, porque lamentablemente estamos más en contacto con pacientes que terminan falleciendo. En muchos casos uno ve que pese a la asistencia que se le da por todos los medios el deceso se hace irreversible, y esto siempre repercute en la parte personal y en el ámbito del equipo de salud”, lamentó.

 

En este contexto, en este 3 de diciembre por demás especial, Juan reveló que “el mejor regalo es no descuidarse, no bajar la guardia, hacer todas las medidas de sanitización necesaria y evitar reuniones donde se aglomere gente; yo sé que es difícil y entiendo el cansancio, yo tengo un hijo adolescente y le trato de transmitir eso, la idea es educar no enojarnos. Si logramos hacer eso, no es solo un regalo para los médicos, sino para toda la sociedad”.

 

Agregó que “sería una satisfacción enorme que se pudiera bajar la cantidad de casos, nosotros pensamos siempre en el paciente no en nosotros mismos, nuestra mayor satisfacción es cuando atendemos y le damos el alta a una persona para que vuelva a verse con su familia. Y la mejor forma no es la asistencia sino la prevención, es difícil pero es necesario”.

 

Por último, a sus colegas les deseó “que lo pasen lo mejor que puedan y que no bajen los brazos”. “Tratemos de seguir trabajando de manera conjunta, es un año complicado que nos ha pegado muy duro, pero no hay que cansarse de concientizar”, finalizó.


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