Los ex presos políticos Enrique Zapata y Héctor Rodríguez brindaron su testimonio en el juicio por la causa Harguindeguy, cuyas audiencias reiniciaron este jueves 2 de agosto con la etapa por los crímenes cometidos en Gualeguaychú.
Enrique “tito” Zapata, es hoy un abogado de trayectoria y experiencia en Gualeguaychú. Fue detenido al igual que su socio Héctor Rodríguez, sin orden judicial y sin ningún tipo de explicación, la madrugada del 24 de marzo de 1976. Zapata integraba la lista interna del justicialismo “éramos del sector revolucionario del peronismo en esos años”, detalló.
En diálogo con RADIO MÁXIMA Zapata dijo que sintió “agrado al ser citado y testimoniar en la causa, fui esperanzado porque tras 36 años de los hechos llega la etapa de que se haga justicia respecto a las detenciones ilegales que tuvimos”, y agregó que el desarrollo de la audiencia “fue bastante duro porque a medida que adentrábamos en el tema hubo momentos que evoqué una etapa muy dura de mi vida”.
En ese sentido, dijo que por haber sido detenido “indudablemente se produce una distorsión, un crac en la vida de una persona por estos hechos imborrables que lo marcan a uno de una manera indeleble”.
Zapata recordó que “el 24 de marzo por la madrugada un operativo de fuerzas conjuntas irrumpe en mi departamento sin ningún tipo de orden judicial y me lleva detenido, al amanecer llego al regimiento local y me alojan por 7 días en una habitación que estaba destinada a oficiales de semana, después me trasladan a la unidad penal. Fuimos detenidos por orden y capricho de un oficial de turno durante 6 meses”.
“En toda oportunidad requerí que se me explicaran las razones y todo el tiempo se me evadió, nunca estuve con autoridades superiores, así que jamás se me explicó por qué estaba detenido”, señaló el abogado Zapata, agregando que en aquel entonces “tenia 26 años, estaba casado, con tres hijos y éste fue uno de los motivos por los cuales durante la audiencia me flaqueó porque recordé no ver crecer a mis hijos porque nunca me llevaron a verlos”.
En ese sentido destacó que “en ningún momento fuimos interrogados sólo nos sacaron unas fotos. Hubo momentos en los que escuchaba voces amenazantes a través de una puerta con palabras graves diciendo que me iban a hacer boelta, y haciendo ruidos de armas”.