Al hablar sobre la entrerrianía, el periodista y escritor paranaense Fabián Reato menciona: “El mate, los ríos y arroyos, las erres arrastradas, la cordialidad, la defensa del federalismo y la libertad, las cuchillas y el monte (al menos lo que queda de él), la instrucción y el coraje, la siesta. Los gurises, los pescadores y canoeros, los troperos, los gringos, los tanos, los judíos. Los maestros de campo, los almaceneros, los chacareros, los poetas. El Palacio San José, el Palmar de Colón, el Parque Urquiza,
Y dentro de la entrerriana, surge otro rico concepto: la “gualeguaychuidad”.
El periodista, historiador y observador Marco Aurelio Rodríguez Otero, por largos años periodista del diario El Argentino de Gualeguaychú y además corresponsal de medios nacionales, resumió con el nombre de “gualeguaychuidad“, las características particulares del habitante de Gualeguaychú, la identidad local.
El decía que “somos todos distintos, pero con una característica que nos engloba, la identidad, la forma de ser, que incluye el humor, que incluye el hecho de que el gualeguaychuense se da pero se cuida, que es receptivo pero observador, que le cuesta abrir la puerta… El gualeguaychuense, primero estudia. Se da, atiende muy bien, no rehúsa a nadie, pero lo va pensando, lo va estudiando“.
Se unen la soledad, la orfandad, la desconfianza, la capacidad de observación y la entrega de la amistad como un premio no apresurado.
*El nombre Gualeguaychú: el río y una villa orejana
El origen de Gualeguaychú remite al río, al conflicto, a la soledad, a la rebelión, a los cabildos, a las asambleas…, elementos que reaparecerán a lo largo de la historia. Los habitantes de Gualeguaychú son insistidores, recurrentes, inevitables. Quizás como el propio río.
El nombre de la ciudad, en efecto, es el nombre del río. Es su consecuencia. El eje es el río. Su identidad remite al río.
Escribió Fray Mocho en su relato “Notas de viaje”:
-Pues sabrá que esas líneas no se juntan y que ahí, frente a ese gran manchón de luz que reverbera sobre el agua peleando con la sombra costanera, se abre cancha entre ceibos y espinillos, festoneado de juncos y de achiras, un arroyo pintoresco y que a orillas de él en un recodo precioso celebrado por prosadores como Sarmiento y poetas como Andrade y Gervasio Méndez se halla el pueblo donde nací…
En 1783, por orden del Virrey Vértiz, Tomás de Rocamora fundó tres pueblos: Concepción del Uruguay, Gualeguay y Gualeguaychú, con la intención de controlar militarmente la región contra los portugueses y los contrabandistas (aunque algunos todavía quedan). El 18 de octubre de ese año se formó el Primer Cabildo en Gualeguaychú, y esa es la fecha tomada para la fundación.
Señalan los historiadores que en el sur entrerriano habitaban los tímbúes, chanás y mebguás, pobladores también del Delta, y los charrúas se desplazaban siempre cerca del río Uruguay. Los describen como “amigos del agua y excelentes conocedores de ríos y arroyos, que viajaban sobre piraguas construidas por ellos mismos y manejaban con destreza el arco y la flecha”.
Nati Sarrot, maestra normal nacional que ejerció la docencia en escuelas rurales y periféricas, nombrada en los años setenta primera Directora Departamental de Escuelas, al analizar la designación del nombre de la ciudad, señala que "lo más serio y documentado que podemos exhibir es el informe del Padre Policarpo Dufó, capellán de la expedición punitiva contra los aborígenes del actual Entre Ríos que en sus detallados apuntes (1715} dice las veces que debieron cruzar el Río Yaguarí Guazú "que los españoles nombran GUALEGUAYCHÚ". (Este curso de agua ya había aparecido en cartografía como Yaguari Guazú, Yagua Riguazú, Paguaci Guazú, etc. En guaraní Yaguar es tigre; í es río y Guazú es grande, lo que resumiría: Río del jaguar grande... para el río que nos ocupa".
La estudiosa de la historia local se detiene también en la sensación de aislamiento, de orfandad: "Es tremendo tener un dueño, pero mucho más tremendo es no tenerlo. Evaluemos la situación geográfica de Entre Ríos, cuya zona sur se abre como una cuña apretada entre Buenos Aires y Santa Fe. En ese marco, se dio la discusión por la tierra. Y si algo hay que es innegable en el entrerriano, es el amor a la tierra. Y al agua también. Además, el agua hace que la tierra valga más. Y por ende, toda la población crece alrededor de los arroyos. Y la comunicación se hace por intermedio del agua. Yo viví mucho en Islas, y hay una obediencia al agua. El agua determina si vos podés ir o no a un lugar. El agua, a veces, no quiere y no quiere… Así que por una parte, ¿quién nos da el derecho a la tierra? Las autoridades. Pero ocurría en nuestra historia que las tierras se pedían en Santa Fe, y nos decían que debíamos ir a Buenos Aires. Y en Buenos Aires no nos atendían. Eso generó una sensación de abandono, de falta de atención, de falta de dueño, además del aislamiento físico. Y por otra parte, está la inevitabilidad del río. Cuando yo era directora Departamental de Escuelas en Islas, a fines de la década del ’60, un día estaba en una casa y un chico se quemó íntegro con una olla y no lo llevaron al hospital porque el río estaba picado. Y esa gente, a eso, lo tomaba como un fatalismo que no se discutía. Nadie se animaba a decir: vamos a poner la lancha… Se aceptaba que si el río no quiere, no quiere…".
Recuérdese, cuando se analiza la reacción en Gualeguaychú contra las pasteras, el rol que jugó la preservación del río Uruguay en las consignas populares.
Y una sugerencia para el viajero que llegue: observe que la ciudad está construida mirando hacia el río, y la calle principal de la ciudad -25 de mayo- lleva directamente al río Gualeguaychú.
*La participación vecinal
Gualeguaychú ha hecho un culto de las potencialidades de la sociedad civil.
Es una ciudad con una importante –casi sorprendente- cantidad de entidades de bien público. A fines de la primera década del siglo XXI, con unos 80 mil habitantes, podía lucir unas 500 entidades intermedias: comisiones vecinales, clubes, cooperadoras, ONG, asociaciones benéficas, etc.
Existe una valiosa participación no encarnada desde partidos políticos (que se empobrecieron en calidad de dirigentes), sino a través de otras instituciones más dinámicas.
Un ejemplo de ello pudo verificarse en la horizontal y participativa Asamblea Ciudadana Ambiental Gualeguaychú, la entidad vecinal con mayor capacidad de movilización genuina en Sudamérica. Allí, en “la causa de todos”, muchos vecinos encontraron un espacio que no ocupaban en otras áreas sociales.
Es que más allá de que la cuestionada planta de Botnia comenzó a funcionar en noviembre de 2007, Gualeguaychú comprobó que el pueblo unido y movilizado puede lograr objetivos, y aprendió a hacerlo sin contar con los funcionarios de gobierno.
En el caso del conflicto del campo en 2008, muchos vecinos sintieron que los productores del lugar necesitaban un apoyo en las rutas, y allí fueron.
Es un punto clave: la coherente gimnasia histórica de la articulación comunitaria.
De tal modo, el repaso de los dos últimos siglos en Gualeguaychú, se encuentra marcado por aquellas montoneras, los cabildos, las asambleas - ganaderas, ambientales, por inquietudes vecinales varias-, y la interminable presencia de comisiones comunitarias para el logro de diversos desafíos.
Gualeguaychú, con errores y virtudes, ha sido en alta medida una construcción colectiva, y muchas veces el Estado comprendió que debía acompañar o enmarcar la senda propuesta por la propia comunidad.
No es una contradicción. El concepto de orfandad isleña es así: las cosas deben hacerse; si el gobierno ayuda, mejor.
*Madre de sus propias obras
La presunta autoestima alta, la supuesta autosuficiencia del isleño como un disimulo del complejo de inferioridad, no radica en Gualeguaychú, donde hasta puede hablarse de una elevada valoración propia que es jactancia por los logros que la sociedad ha disfrutado como obras suyas.
Fue el periodista Marco Aurelio Rodríguez Otero -el mismo que habló de la “gualeguaychuidad” -, quien resumió que Gualeguaychú es “madre de sus propias obras”.
La frase, que sintetiza el orgullo y la autodeterminación, pasó a ser anónima e indiscutible.
-Gualeguaychú es madre de sus propias obras-, repetirían con orgullo miles de personas que estuvieron lejos de conocer a Rodríguez Otero.
Es que por décadas, las principales conquistas comunitarias fueron avanzando mediante asambleas, con un reclamo federal, y con la esencia de la psicología del isleño, de “arreglarse con lo que se pueda”.
Acciones nacidas, seguramente, cuando el isleño elevó la mirada a su destino y se enamoró, más que de la soledad, del desafío de la soledad.
*Ejemplos contundentes
*El Carnaval del País, surgió con sus características de teatro a cielo abierto en 1981 y fue el fruto del trabajo de diez clubes y entidades sociales, con acompañamiento municipal. Sin contar con un manual, transformaron los corsos tradicionales en el espectáculo más grande del verano en
*La ruta a Buenos Aires –luego el corredor de las rutas nacionales 14 y 12- nació de la lucha de la comunidad en las primeras décadas del siglo pasado, a través de un consorcio. Desde las butacas del viejo Teatro, vecinos de Gualeguaychú diseñarían –en asambleas inolvidables por su convocatoria y por sus logros- las luchas para romper el aislamiento, como también elaborarían largamente el esquema de las acciones populares contra las papeleras, en defensa del derecho al ambiente sano.
*El Frigorífico Gualeguaychú, de capitales nacionales, surgió de una asamblea de ganaderos de la zona, entre la segunda y la tercera década del siglo XX.
*El Parque Industrial nació de la unión de instituciones que se nuclearon en una entidad madre,
*El Teatro Gualeguaychú (1910) y numerosas instituciones educativas –comunes y especiales-, fueron posibles por movimientos vecinales que encontraron eco en determinados gobiernos, en el marco de una comunidad que frente a sus intendentes siempre fue muy inquieta, muy demandante.
*El desfile de carrozas estudiantiles, un espectáculo con mucha creatividad, poco dinero y una fuerte y singular representatividad cultural, germinó también por inquietudes locales. Es un desfile de trabajos desarrollados por grupos de estudiantes, con fondos propios e ideas genuinas, que se realiza cada primavera desde mediados del siglo pasado.
*El Hospital Centenario, nosocomio público de administración provincial, iniciado en 1913, contó desde la década del ochenta en adelante, con diez entidades benéficas creadas exclusivamente para su apoyo.
*El Instituto Magnasco, complejo cultural de carácter privado, fue fundado en 1898 por dos jóvenes maestras, Camila Nievas (19 años) y Luisa Bugnone (27 años). Fue la primera biblioteca del país fundada por mujeres
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Son algunos ejemplos demasiado visibles, que hablan de valores como la perseverancia, la imaginación y el progresismo que encuentran su senda en el motor de la construcción colectiva. La enumeración abona la búsqueda de una comprensión respecto de lo que sucedería después.
¿Avances con retrocesos; o un camino plagado de correcciones?
No existía un camino trazado para organizarse e imaginar sueños trascendentes: la comunidad tenía que diseñarlo.
El Carnaval de Gualeguaychú aportó a su reina del año 2006, Evangelina Carrozzo, como impactante noticia internacional en la lucha contra las papeleras, en la cumbre de presidentes en Viena. Y aunque nunca tuvo una militancia ambiental activa, Evangelina llevó de la mano al Carnaval a la lucha antipapeleras. Estuvo donde debía estar cuando la causa la necesitó.
Por otra parte, Alfredo De Angeli pasó de la lucha agraria a la causa antipapeleras, y de allí a liderar el Grito del campo argentino en 2008.
”Todos los hombres llevan consigo las particularidades de su grupo en la misma medida que cada grupo lleva la marca de sus hombres”, dice Carvalho do Nascimento.
¿Qué adjetivos pueden describir al Carnaval?
Creatividad, capacidad de organización, audacia, desafíos, jerarquía, talentos, artesanía…y lucidez para aprovechar la situación geográfica privilegiada de la ciudad a partir de la construcción de los puentes y del mejoramiento de las rutas. En el marco del aislamiento geográfico, a decir verdad, el Carnaval- espectáculo de Gualeguaychú no hubiera trepado al éxito.
¿Y qué virtudes sociales mostró la lucha contra las papeleras?
Tenacidad, fortaleza, creatividad, militancia, unidad. Y osadía.
Se verifica una línea de continuidad respecto de la alta participación comunitaria: la historia no es cuestión de milagros o de iluminados.
Las cosas se hicieron por otros hombres…con los mismos sueños. Allí radica la coherencia de la construcción colectiva mantenida por generaciones.
¿Se comprende de dónde llegaban esos miles de vecinos a las multitudinarias marchas de
Seguramente, la historia encierra acciones en determinados momentos o procesos; pero evidentemente tiene, como la vida de cada hombre, escasas casualidades en el trazado de los caminos principales.
Cada uno ve a sus abuelos y se observa a sí mismo en ese laberinto con paredes de espejos. A la salida lo aguardan los desafíos, un campo habitualmente minado por el abatimiento que sólo cede frente a las convicciones.
FABIÁN MAGNOTTA
Extraído del libro GUALEGUAYCHÚ, DOS MIL DÍAS DE CONFLICTO. EL NO A LAS PAPELERAS Y EL GRITO DEL CAMPO